La risa de Patch Adams

  El martes 13 de noviembre a las 8 y 40 de la noche decidí no salir a bailar, sentí la necesidad de ver cine. Entre todas las películas disponibles escogí una que me habían regaldo durante mi estancia en La Habana.

  Mis ojos percibieron uno de los filmes más hermosos que he tenido el placer de disfrutar. De esas cintas que no están marcadas por un excelente director con una carrera paradigmática, pero que tienen el espíritu de narrar con sensibilidad. Me inclino ante películas así, llenas de vida, que provocan deseos de llorar y reír y te dejan con un sinúmero de preguntas e ideas.

  Disculpen tanta adulación sin presentar el protagonista de estas líneas: Patch Adams, un largometraje que espero trascienda la memoria histórica, aunque no aparezca en la lista de los clásicos.

  Más allá de escribir sobre recursos visuales o estéticos prefiero la historia, esa que nos envuelve sin previo aviso. Patch Adams es el personaje principal de la narración, un hombre que emplea la risa como terapia. Su realidad va aparejada a la revolución, al cambio del sistema médico. Pero más allá de una transformación de la medicina, Patch, interpretado por Robin Williams, propone una revisión de formas de pensar y actuar atadas a reglas y principios que nos cosifican día tras día y nos vuelven personas insensibles.

  Rompe los hielos de las relaciones humanas y a través de la risa hace un poco más placentera la vida de pacientes de un hospital. Deja a un lado los estigmas y temores a la muerte: “La muerte no es enemigo, señores. Si vamos a luchar contra alguna enfermedad hagámoslo contra la peor de todas: la indiferencia”.

  ¿Cuántas veces dejamos de hacer lo que queremos por seguir una norma? A Adams la pasión lo guía, impulsa y devuelve a la existencia. Nos enseña a no andar como robots programados sin preocuparnos por quienes nos rodean y a ver más allá de lo que la realidad nos presenta: “Ve lo que los demás no ven. Lo que los demás deciden no ver, por temor, comformismo o pereza. Ve el mundo de forma nueva cada día.”

  Para Patch Adams mi eterna sonrisa y las ansias de descubrir lo invisible a los ojos.

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