Incertidumbre

La inseguridad de cruzar fronteras, la seguridad de que es necesario.

La incertidumbre del presente, la certidumbre de que el futuro está a miles de kilómetros del suelo que pisan ahora sus pies.

Salir de Guatemala, Honduras o Nicaragua hacia Estados Unidos convierte a cada persona, a partir del día que toma la decisión, en un ser invisible, para los ojos públicos solo formarán parte de la masa amorfa de emigrantes. No sé si algunos valorarán los riesgos, pensarán que pueden quedar bajo tierra en alguna parte del camino, pero si lo saben o lo imaginan prefieren lo incierto antes que la certeza de que deben seguir una vida insegura en el lugar que llaman hogar.

La gente ha migrado durante siglos por muy diversas razones: económicas, políticas o aventuras, pero si hay algo que acompaña la soledad hacia tierras desconocidas es la inseguridad. En los rostros de los pocos migrantes que llegaron hacia el comedor de Las Patronas en Amatlán de los Reyes en Veracruz, México, imaginaba ver la preocupación de no saber si vivirán un día más, si llegarán al destino anhelado, si alguien los llorará o los enterrará.

Amatlán de los Reyes resulta un nombre irónico para un lugar que no tiene aspecto de un reinado convencional. Calles de tierra, cañas de azúcar que solo dan de comer en una temporada del año, personas ahogadas por no tener trabajo y muy poco dinero para comer, es el reinado de Amatlán. Allí tiene su trono la monarquía del desconsuelo y la incertidumbre. Hasta estas tierras olvidadas por gobernantes y políticos de todo tipo, llegan desde hace años miles de migrantes para recuperar fuerzas y seguir su viaje hacia Estados Unidos en los trenes de carga que pasan por allí a diario.

ONG y cientos de voluntarios arriban allí para colaborar con Las Patronas en la labor de ofrecerle algo de comer a los migrantes que pasan en los trenes o a los que se quedan uno o dos días para recobrar energías y seguir las andanzas. En tema de migración casi todo el mundo en México conoce o ha oído hablar de Las Patronas, pero Amatlán y sus habitantes siguen olvidados en la agenda de quienes gobiernan. Como el de los migrantes, su futuro es incierto.

¿Qué será los migrantes una vez en La Bestia? ¿Qué será de Amatlán de los Reyes? Encima de la mole de hierro no tienen nombres, cada vagón, rueda y engranaje del tren absorbe sus identidades, sus cuerpos. Ahora son gentes que se mueven al ritmo de una locomotora, pero que desde hace meses quedaron inmóviles para la sociedad. Los de Amatlán, para el discurso público, tampoco existen, son espectros de una generación, de la memoria y el olvido.

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