Incertidumbre

La inseguridad de cruzar fronteras, la seguridad de que es necesario.

La incertidumbre del presente, la certidumbre de que el futuro está a miles de kilómetros del suelo que pisan ahora sus pies.

Salir de Guatemala, Honduras o Nicaragua hacia Estados Unidos convierte a cada persona, a partir del día que toma la decisión, en un ser invisible, para los ojos públicos solo formarán parte de la masa amorfa de emigrantes. No sé si algunos valorarán los riesgos, pensarán que pueden quedar bajo tierra en alguna parte del camino, pero si lo saben o lo imaginan prefieren lo incierto antes que la certeza de que deben seguir una vida insegura en el lugar que llaman hogar. Sigue leyendo

Nostalgia

01Hoy me duele Cuba. La sufro por todas partes, incluso por encima de los 1400 metros que pisan mis pies. Trato de mirarla como una imagen congelada a la que volveré para una vez más dejarla en el mismo lugar, pero ya no sé si será así. Tengo miedo de regresar y encontrar un espacio diferente, donde los trenes no circulen y los embotellamientos produzcan pánicos, donde la gente no recuerde el apiñamiento de las guaguas o el dolor de callar. Sigue leyendo

La ilusión del pez

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¿Quién es Dios, dónde está? ¿Quién soy yo?

Se preguntaba el pescador mientras alzaba el cordel vacío. Llevaba una semana de pesadumbre y desespero, su anzuelo no capturaba ni un pequeño pez. Si realmente él existía y no era parte de una historia de ficción, entonces el destino le había preparado un camino tétrico. Pero qué tal si tan solo era la representación de alguien, ¿podría darse cuenta?; ¿y si su vida era una mentira?

Mientras estos pensamientos abrumaban su cabeza se percató de que algo desde abajo halaba su mano. Por el tirón que le daba a su brazo debía ser un pez bastante grande, lo suficiente para alimentar a tres bocas en el día.

Tiró del cordel cuidadosamente, pero con fuerza. Luego de tantos días comiendo sopa de ajo y harina, ya podía sentir el sabor del pescado en su boca. Cuando al final tuvo el anzuelo ante sus ojos vio que estaba vacío. Era todo una ilusión.

La estupidez humana

man-facing-southeastAlgunos tan solo se convierten en polvo y ceniza. Polvo que se lleva alguna brisa de viento y ceniza que abona la tierra y se mezcla con otros tiempos, pero que no trasciende.

Caminamos, muchas veces sin encontrarle una explicación lógica a nuestros pasos. Conversamos, lloramos, reímos, cantamos y bailamos pero en ocasiones por una reacción de nuestro cuerpo, no por el placer de dejar ir todo un río de emociones. Tratamos de encontrarle explicaciones al llanto, la risa o al amor, pero terminamos por dilucidar ideas incoherentes que nos sirven para conformarnos. Para lo sublime resulta difícil encontrar explicación, tan solo se siente, se vive y se llega a un estado de letargo confundible por los idiotas con la locura.

¿Para qué sirve la vida si no tenemos el placer de encontrar lo sublime? ¿Qué valor tiene despertar cada día sin encontrar algo que nos robe un suspiro; sin escuchar una melodía que nos levante los pies de la tierra y haga que levitemos aunque sea por unos breves tres minutos?

Hace unos días reencontré a Eliseo Subiela en mi camino, lo hallé en Hombre mirando al sudeste preguntándose por el sentido de la estupidez humana, por los autómatas que suelen andar por allí llevando el sello de hombres. Esos tan solo son polvo y ceniza, destinados a la nada, al vacío perturbador.

¿Por qué Rantés mira al sudeste y no al norte o al sur? Para Subiela en el sudeste se muestra el interior del ser, aquello que dota a cada persona de humanidad. Hay gente que cada día deja de ser humana, con el transcurrir de los meses van perdiendo esa condición hasta convertirse en una nada autómata que anda y actúa por reglas preestablecidas. Sigue leyendo

Amanecer

Amanecer Casi amanece. Bretón me despertó más temprano de lo habitual para llevarme al malecón y saludar el inicio del día, el despertar del Sol sobre el mar. Llegamos demasiado temprano, aún la noche nos acompaña, aunque ya comienzan a verse el cielo naranja frente a nosotros.

Aún continúan en sus botes los afanados pescadores en la búsqueda del sustento, el alimento para no śe qué cantidad de bocas y estómagos. Nosotros esperamos ver el Sol, mientras ellos en el silencio del mar aguardan los peces. No sé si tornarán su mirada al amanecer o tan solo se sumirán en los pensamientos de subsistencia que los acompaña a cada hora.

A esta hora áun puedo ver la Luna y junto a ella viene a mis oídos, para perturbar el silencio, el Claro de Luna de Debussy. ¡Cuánto misterio esconden estas horas!, o tal vez soy yo quien se enfrasca en ver más allá de lo visible.

Llevamos frente al mar más de una hora. La gente nos pasa por al lado corriendo sin ver lo que ocurre frente a sus ojos o quizás ya estan cansados de ver la misma escena. Aunque para mí la salida del Sol siempre será diferente. Nunca logrará los mismos colores ni tonalidades. En mi andar por distintos parajes de Cuba jamás he visto uno que se parezca a otro.

Son algo más de las siete y ya comienzan a apagarse las luces de la ciudad. Se acerca el ritual sagrado. El instante en que Helio pasa frente a nosostros con su carro “tirado por toros de fuego” y nos deja un nuevo Sol.

Justo al lado del Morro las nubes se tornan naranja y dejan ver un círculo casi perfecto. El amarillo usual con que suele representarse el astro rey no apareció hasta una hora después. Este es el tiempo de los maestros del Barroco y los tonos claroscuros. El anaranjado del Sol llena el horizonte y devela la grandiosidad de la Madre Tierra, quien nos regala instantes únicos.

Quisiera retener en mi retina y mi memoria este amanecer. No solo fue la presencia de Bretón, su mirada perdida en el horizonte. Este Sol llegó más allá de mi imaginación y apreciación visual. Nunca había visto uno tan hermoso sin los rayos que queman y ofuscan los ojos. Apareció sereno, con los acordes sublimes de uno de los conciertos para dos violines de Johan Sebastian Bach.

Ya amaneció. El Sol comienza a quemarnos las pupilas. Bajamos del muro del malecón habanero en silencio, con la sensación de que hemos vivido uno de los instantes más sublimes de la vida.

La pluie

efecto-de-lluvia-vegas-proA Madame la Pluie, por regalarme su canción

Al compás de las primeras gotas de aguas escribo estas líneas. Estoy lista para bailar sin importar cuán húmedo esté el suelo. Quiero danzar contigo sin pensar que nos miran como locos.

Ya no le hayo sentido a lo que piensa el viejo de enfrente, tan solo me interesa disfrutar el placer de dejar correr la lluvia por mi rostro, mientras me tomas las manos.

Hoy es un día extraño y mágico: descubrí la canción de la lluvia. Una madame me la enseñó y ahora deseo compartir el ritual de iniciación danzaria contigo.

Cuando empieces ya no podrás dejar atrás esta melodía. Será un regalo para tu noble alma. Abrázame y ayúdame a bailar mientras cantamos La pluie.

Ya el cielo deja de desbordarse, pero no podemos parar de danzar… es el misterio de La pluié que nos inundó.

50 años de resistencia

nam_june_paikMientras el 4 de octubre de 1965, habitantes de la ciudad de Nueva York madrugaron para lograr abrirse paso entre la multitud y acceder a la catedral de San Patricio, quizás con el propósito de orar, protestar o recibir la comunión de las benditas manos del Papa Paulo VI, el coreano Nam June Paik desde un taxi y con su primera cámara portpack SONY en la mano, registró el acontecimiento. De esta forma cuenta la historia oficial el nacimiento del videoarte. Pero como todo acontecimiento pasado está marcado por la contradicción, existen investigadores enfrascados en apuntar que en ese año SONY no había fabricado su primera portpack. Sea cierto o no, así quedó legitimado el suceso.

Antes de la polémica fecha, disímiles textos cuentan los antecedentes del videoarte a partir de la oposición a la televisión y, por supuesto, el músico Paik y el pintor Vostell ocupan el lugar de los personajes protagónicos. Dos años antes del llevado y traído momento histórico, el polifacético asiático expuso en la Galería Parnasse de Wuppertal, Alemania, su muestra Exposition ofMusic-Electronic Television. Mediante televisores con las imágenes distorsionadas, pretendió transformar las relaciones habituales del receptor con la llamada “caja tonta”.

Casualmente -nótese la ironía- en el mismo 1963 Vostell expuso su 6 TV Dé-coll/age donde reflejó en monitores de televisión representaciones llenas de interferencia. En la oración precedente empleé un tono irónico por la siguiente cita del artista Eugeni Bonet, que aparece en un dossier publicado en el año 2006 por el Museo Reina Sofía:

Poco importa si Vostell falseó las fechas de ciertas obras o proyectos, urdiendo ficciones autobiográficas para acompasar sus pasos a los de Paik, o incluso por delante, su manera de abordar la televisión y el vídeo tiene finalmente un sello bien distinto, partiendo del concepto de dé-coll/age con el que describió desde 1954 su obra plástica, happenings y environments.

Una parte relevante de los primeros creadores de videoarte provenían de vanguardias artísticas, por lo que no fue fortuito el uso del video como forma de registro y difusión de performance y body art. En esta última manifestación uno de los referentes más cercanos, reconocidos y polémicos fue la obra de la francesa Orlan, quien de 1990 a 1993 realizó un trabajo que nombró La reencarnación de San Orlan. Su propuesta conllevó a provocar en su cuerpo varias intervenciones quirúrgicas con el fin de convertirse en otro ser. Los cambios incluyeron adoptar rasgos de Europa, Venus y Diana, entre otras figuras míticas. El experimento estético fue grabado en video y así completó su obra: logró la ubicuidad y el poder de la transformación, “dones” de entes sagrados.

El videoarte rompió con la lógica comercial y funcional de la televisión. Desde aquellos años de entierros de televisores y grabaciones con portpack SONY, pasó a convertirse en un espacio de resistencia y experimentación. En medio siglo ha andado casi todo el mundo, echando raíces en contextos culturales tan diversos o insospechados como París, Barcelona o Camagüey.

En 1965 la videocreación quedó marcada por lo inesperado: un coreano filma al Papa (no la llegada del metro ni gente caminando por Nueva York, sino al representante de Dios en la tierra) y legitima así el nacimiento de un nuevo lenguaje audiovisual. Lo inusual aún persigue el videoarte: en tiempos donde las últimas innovaciones tecnológicas acompañan las obras, llegan a Camagüey personas de Israel, Benin o China para participar en la quinta edición del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey. Aquí aún filmamos con “cámaras de palo”, pero desde este lugar inexistente para muchos, se crea y piensa el videoarte para continuar en la resistencia de un arte signado por lo inusitado.