La estupidez humana

man-facing-southeastAlgunos tan solo se convierten en polvo y ceniza. Polvo que se lleva alguna brisa de viento y ceniza que abona la tierra y se mezcla con otros tiempos, pero que no trasciende.

Caminamos, muchas veces sin encontrarle una explicación lógica a nuestros pasos. Conversamos, lloramos, reímos, cantamos y bailamos pero en ocasiones por una reacción de nuestro cuerpo, no por el placer de dejar ir todo un río de emociones. Tratamos de encontrarle explicaciones al llanto, la risa o al amor, pero terminamos por dilucidar ideas incoherentes que nos sirven para conformarnos. Para lo sublime resulta difícil encontrar explicación, tan solo se siente, se vive y se llega a un estado de letargo confundible por los idiotas con la locura.

¿Para qué sirve la vida si no tenemos el placer de encontrar lo sublime? ¿Qué valor tiene despertar cada día sin encontrar algo que nos robe un suspiro; sin escuchar una melodía que nos levante los pies de la tierra y haga que levitemos aunque sea por unos breves tres minutos?

Hace unos días reencontré a Eliseo Subiela en mi camino, lo hallé en Hombre mirando al sudeste preguntándose por el sentido de la estupidez humana, por los autómatas que suelen andar por allí llevando el sello de hombres. Esos tan solo son polvo y ceniza, destinados a la nada, al vacío perturbador.

¿Por qué Rantés mira al sudeste y no al norte o al sur? Para Subiela en el sudeste se muestra el interior del ser, aquello que dota a cada persona de humanidad. Hay gente que cada día deja de ser humana, con el transcurrir de los meses van perdiendo esa condición hasta convertirse en una nada autómata que anda y actúa por reglas preestablecidas. Sigue leyendo

El viejo solitario

Cine GuerreroAún continúa luchando por su supervivencia, rodeado de escombros y ruidos de mandarrias con quien compartir su hastío. De vez en cuando alguien se sienta a contemplar las imágenes reflejadas a través de su pantalla, consumida por la humedad y las manchas. Es un verdadero guerrero, de esos que luchan contra proyectores rotos, mala propaganda y la soledad de una sala en penumbras.

No viví la época de las grandes colas para entrar a los cines, tan solo lo sé por la nostalgia de los cinéfilos. Cada día los DVD, memorias flash, piratas del séptimo arte, la escaza publicidad y el deterioro de los cines en Camagüey atenta contra la visita de espectadores.

Tal vez soy demasiado romántica porque, aunque el cine Guerrero tenga malas condiciones de proyección, sonido y no cuente con aire acondicionado, lo prefiero antes que la fría sala de mi casa con un televisor PANDA. Disfruto la complicidad del teatro a oscuras, la enorme pantalla que me sumerge en el clima de la película, sin interrupciones telefónicas ni llamadas a la puerta.

En los días pasados del XIX Taller de la Crítica Cinematográfica sufrí la poca asistencia del público al viejo Guerrero. Hubo días que tan sólo estábamos la él y yo. Comprendo que cada ciudadano no debe perseguir las obras de Fellini, Hitchcock o Truffaut, pero me costó trabajo comprender cómo tampoco asistían a las producciones más actuales.

El jueves 14 de marzo Luciano Castillo, reconocido por su labor de crítico e historiador del cine cubano, tuvo que presentar La vida de Pi, premio Oscar 2012, ante un recinto prácticamente vacío. El filme posee una belleza visual y un contenido filosófico tan profundo, que resultó una pena no ver ocupadas ni la mitad de las lunetas. La exquisita fotografía y el entramado reflexivo detrás de la historia de Pi no hubiesen tenido el mismo efecto en mí sin la complicidad de una sala a oscuras y el reflejo de las imágenes a gran tamaño que me invitaban a viajar junto con Pi. Sigue leyendo

En tiempos de escafandras…tan solo queda volar

la escafandra y la mariposaNo sé si tendría la suficiente fuerza interior para -si algún día sufro un accidente que me deje sin poder hablar, caminar o escribir-adaptarme a la nueva forma de vida y resistir el paso del tiempo. Traté de ocupar el lugar de Jean- Dominique, pero no pude. Tan solo él tuvo la fuerza para vivir dentro de una escafandra y volar como mariposa.

Julian Schnapel con La escafandra y la mariposa, lleva a la pantalla no solo la historia del periodista francés Jean-Dominique Bauby, sino que le deja al espectador una reflexión sobre la libertad. No hay que sufrir una apoplejía y quedar paralítico para estar atrapado dentro del propio cuerpo. Cada día la gente vive con temores a hablar, gritar, soñar… y así, con miedos y barreras invisibles, crea una escafandra de la que no logra escapar.

A Schnapel le pido disculpas por no haberlo conocido antes, pero ahora que sé hasta dónde llega su pasión e ingenio cinematográfico, me quito mi pamela y le hago una reverencia. 

La seducción de Schnapel ocurrió desde el inicio, sin preámbulo ni cortejo de iniciación. Su cámara no era un simple objeto-observador de la realidad, era Jean-Dominique. Sentí la desesperación, angustia y tristeza de Jean Do. Hasta tuve deseos de visitarlo en el Hospital Naval Berck-sur-Mer y sentarme junto a él en su “sala de cine” (un corredor con una hermosa vista al mar).

El guión Ronald Harwood (guionista de El Pianista) lo construyó, de manera no lineal, a partir del libro homónimo y autobiográfico de Jean-Dominique Bauby quien tan solo con su ojo izquierdo y a través de pestañeos, comunicaba sus ideas; una intérprete las decodificaba y llevaba las palabras al papel: “He decidido dejar de quejarme. Si dejo de lado el ojo, dos cosas no están paralizadas: mi imaginación y mi memoria. Son las únicas dos salidas para escapar de mi escafandra.” (Jean-Dominique)

Valoro en grado superlativo los filmes que viajan a lo profundo, con escenas dignas de repetir en el reproductor una y otra vez. Resulta reconfortante, al menos para mí, que pasen los días y aún yo siga con mis pensamientos alrededor de la narración cinematográfica. La escafandra y la mariposa busca ir más allá de una historia sugerente para dejar en el subtexto una reflexión de cómo llevamos la vida.

De vez en cuando nos ponemos una escafandra. El temor reside en pasar demasiado tiempo dentro y luego no saber cómo huir, quedar atrapados con nuestro silencio, callar por siempre. Hay que aprender el oficio de mariposa para volar, aunque no existan motivos, y huir del traje que asfixia la memoria y los sueños.

La risa de Patch Adams

  El martes 13 de noviembre a las 8 y 40 de la noche decidí no salir a bailar, sentí la necesidad de ver cine. Entre todas las películas disponibles escogí una que me habían regaldo durante mi estancia en La Habana.

  Mis ojos percibieron uno de los filmes más hermosos que he tenido el placer de disfrutar. De esas cintas que no están marcadas por un excelente director con una carrera paradigmática, pero que tienen el espíritu de narrar con sensibilidad. Me inclino ante películas así, llenas de vida, que provocan deseos de llorar y reír y te dejan con un sinúmero de preguntas e ideas.

  Disculpen tanta adulación sin presentar el protagonista de estas líneas: Patch Adams, un largometraje que espero trascienda la memoria histórica, aunque no aparezca en la lista de los clásicos. Sigue leyendo

El arte de seducir en blanco y negro.

Cuando a finales del siglo XIX nació el cine, resultó un espectáculo para el mundo. El asombro llenó las salas y la gente disfrutaba de las películas silentes. Corría la época de las imágenes en movimiento y el blanco y negro era un deleite visual.

Ha pasado más de un siglo desde la aparición del cinematógrafo. Escasean las producciones en blanco y negro, el color pintó el séptimo arte. Sigue leyendo

El Piano, obra sublime

El océano profundo se convirtió en su tumba. Ada no tocará más las teclas que la enseñaron a amar y a contemplar lo sublime. Quizás su alma se fue junto con el piano. Ya no volverá a tocar las teclas de otro piano con la pasión de aquel que yace en algún lugar junto al eterno silencio.

Ahora que la vida de Ada es más tranquila, quizás pueda comenzar a articular palabras, pero en su alma habrá un silencio eterno. La pasión de aquel piano quedó sepultada.

Su voluntad la guió hacia la vida, pero tal vez debió morir junto a instrumento. Las profundidades del océano ya no serían lugares silenciosos, la música saldría debajo de cada piedra. Sigue leyendo