Nostalgia

01Hoy me duele Cuba. La sufro por todas partes, incluso por encima de los 1400 metros que pisan mis pies. Trato de mirarla como una imagen congelada a la que volveré para una vez más dejarla en el mismo lugar, pero ya no sé si será así. Tengo miedo de regresar y encontrar un espacio diferente, donde los trenes no circulen y los embotellamientos produzcan pánicos, donde la gente no recuerde el apiñamiento de las guaguas o el dolor de callar.

Desde aquí veo que mi país se ha convertido en un museo al que todo el mundo quiere visitar antes de que cierre definitivamente. Ahora las calles de La Habana son más famosas que antes, los cubanos salen fotografiados con Katy Perry. La Habana se ha convertido en el lugar que todo famoso debe visitar antes de morirse. ¿Pero por qué no hablamos del hundimiento del barco que se avizora, en vez de continuar con la pasarela? ¿Por qué no nos sentamos a conversar sobre el país que queremos reconstruir? Porque seguimos pensando que todo sigue igual, que las cuestiones gubernamentales no nos atañen, aunque poco a poco se esté decidiendo el futuro de nosotros.

Quisiera pensar que los cambios por venir serán para bien, en algún aspecto puede que lo sean, pero la realidad es que la cuestión del dinero no lo resolverá todo. Es necesario que la gente tenga dinero para comer, pero también que pueda decidir quién será su gobernante o cómo hacer que el museo no cierre drásticamente, sino que cambie parte de su colección.

Ya he dejado de tener fe en salir del inmovilismo, tantos años de prohibiciones, promesas y sueños no realizados han provocado miles de quejas diarias, pero muy pocas proposiciones. Un día puede que la gente se acueste tras haberse comido una caldosa por el día de los CDR y se despierten para desayunar en una Mc. Donald y ni siquiera se preguntarán qué sucedió. El tema no está en el cambio de alimentación, sino en cómo hacer para que sea no violento y e indoloro.

Hoy tengo nostalgia de un país callado que ha dejado que unos pocos construyan su historia por él, de una vida de avatares, desencantos, silencios, tristezas, pero de una felicidad de sentirme unida a la tierra, parte de una marea que lucha por no quedarse solo en la bajamar. De este lado siempre seré una extranjera que no entiende los chistes, aunque medie el mismo idioma. La eterna duda de la piedra que no sabe estar quieta pero tampoco en constante movimiento.

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