50 años de resistencia

nam_june_paikMientras el 4 de octubre de 1965, habitantes de la ciudad de Nueva York madrugaron para lograr abrirse paso entre la multitud y acceder a la catedral de San Patricio, quizás con el propósito de orar, protestar o recibir la comunión de las benditas manos del Papa Paulo VI, el coreano Nam June Paik desde un taxi y con su primera cámara portpack SONY en la mano, registró el acontecimiento. De esta forma cuenta la historia oficial el nacimiento del videoarte. Pero como todo acontecimiento pasado está marcado por la contradicción, existen investigadores enfrascados en apuntar que en ese año SONY no había fabricado su primera portpack. Sea cierto o no, así quedó legitimado el suceso.

Antes de la polémica fecha, disímiles textos cuentan los antecedentes del videoarte a partir de la oposición a la televisión y, por supuesto, el músico Paik y el pintor Vostell ocupan el lugar de los personajes protagónicos. Dos años antes del llevado y traído momento histórico, el polifacético asiático expuso en la Galería Parnasse de Wuppertal, Alemania, su muestra Exposition ofMusic-Electronic Television. Mediante televisores con las imágenes distorsionadas, pretendió transformar las relaciones habituales del receptor con la llamada “caja tonta”.

Casualmente -nótese la ironía- en el mismo 1963 Vostell expuso su 6 TV Dé-coll/age donde reflejó en monitores de televisión representaciones llenas de interferencia. En la oración precedente empleé un tono irónico por la siguiente cita del artista Eugeni Bonet, que aparece en un dossier publicado en el año 2006 por el Museo Reina Sofía:

Poco importa si Vostell falseó las fechas de ciertas obras o proyectos, urdiendo ficciones autobiográficas para acompasar sus pasos a los de Paik, o incluso por delante, su manera de abordar la televisión y el vídeo tiene finalmente un sello bien distinto, partiendo del concepto de dé-coll/age con el que describió desde 1954 su obra plástica, happenings y environments.

Una parte relevante de los primeros creadores de videoarte provenían de vanguardias artísticas, por lo que no fue fortuito el uso del video como forma de registro y difusión de performance y body art. En esta última manifestación uno de los referentes más cercanos, reconocidos y polémicos fue la obra de la francesa Orlan, quien de 1990 a 1993 realizó un trabajo que nombró La reencarnación de San Orlan. Su propuesta conllevó a provocar en su cuerpo varias intervenciones quirúrgicas con el fin de convertirse en otro ser. Los cambios incluyeron adoptar rasgos de Europa, Venus y Diana, entre otras figuras míticas. El experimento estético fue grabado en video y así completó su obra: logró la ubicuidad y el poder de la transformación, “dones” de entes sagrados.

El videoarte rompió con la lógica comercial y funcional de la televisión. Desde aquellos años de entierros de televisores y grabaciones con portpack SONY, pasó a convertirse en un espacio de resistencia y experimentación. En medio siglo ha andado casi todo el mundo, echando raíces en contextos culturales tan diversos o insospechados como París, Barcelona o Camagüey.

En 1965 la videocreación quedó marcada por lo inesperado: un coreano filma al Papa (no la llegada del metro ni gente caminando por Nueva York, sino al representante de Dios en la tierra) y legitima así el nacimiento de un nuevo lenguaje audiovisual. Lo inusual aún persigue el videoarte: en tiempos donde las últimas innovaciones tecnológicas acompañan las obras, llegan a Camagüey personas de Israel, Benin o China para participar en la quinta edición del Festival Internacional de Videoarte de Camagüey. Aquí aún filmamos con “cámaras de palo”, pero desde este lugar inexistente para muchos, se crea y piensa el videoarte para continuar en la resistencia de un arte signado por lo inusitado.

¿Dónde está la crisis?

Foto de Leandro Pérez Pérez

Foto de Leandro Pérez Pérez

La crisis nos persigue, vivimos atrapados dentro de ella. A veces, de tanto oír la palabra, pensamos que es una mera falacia, pero no es un mito, existe y algunos se dejan devorar lentamente por esas seis letras.

A diario chocamos con crisis de valores, económica e intelectual. De ésta última se habla menos en los medios de comunicación y resulta una de las más preocupantes.

El asunto lo traigo ahora a colación por un motivo de especial preocupación: el 23 Salón de la Ciudad, recién finalizado en Camagüey. El evento propuso este año como tema central la pintura desde las técnicas convencionales en función de un discurso contemporáneo. Me enamoró la idea por la herencia pictórica que los siglos han depositado en artistas camagüeyanos de todos los tiempos, pero el resultado final cambió mi ilusión. Sigue leyendo

Ennegro y en colores

A Rosa Plá, por adentrarme en el mundo de Ennegro

Pintar va mucho más allá de una academia, se necesita un intenso mundo interior para plasmar los sonidos del alma y dialogar con el Universo. Una escuela marca pautas, pero las palabras de un pincel son mucho más profundas que las líneas enseñadas por un profesor.

_dsc1252A veces los críticos miran las artes plásticas como un don de seres habitantes de las grandes ciudades y no se detienen en los puntos cardinales más allá de la cosmópolis. Palma Soriano, en Santiago de Cuba, es uno de esos sitios exclusivos de la Tierra, lugar de artistas por naturaleza y vocación espiritual. Llegar a la casa del proyecto Ennegro es tener un encuentro con otra dimensión donde los colores fluyen en total armonía con sus loas.

La mayoría son autodidactas, detrás de ellos no están los trazos enseñados por los maestros de las escuelas de arte sino la voz de su intelecto y de guías provenientes de la Casa de la Cultura municipal. A penas tienen condiciones materiales para pintar, pero no dejan de buscar soluciones en materiales como la cartulina y el yeso. Sigue leyendo