El arte de seducir en blanco y negro.

Cuando a finales del siglo XIX nació el cine, resultó un espectáculo para el mundo. El asombro llenó las salas y la gente disfrutaba de las películas silentes. Corría la época de las imágenes en movimiento y el blanco y negro era un deleite visual.

Ha pasado más de un siglo desde la aparición del cinematógrafo. Escasean las producciones en blanco y negro, el color pintó el séptimo arte.

En mi andar por los cines de la ciudad (realmente nada más funcionan el Guerrero, en muy malas condiciones, y la sala de video Nuevo Mundo) me he topado con personas que regresan a sus casas cuando se percatan de que la película que se exhibirá es en blanco y negro. Las reacciones ante estos filmes son: “tremendo tabaco esas películas viejas y cansonas” sin siquiera tener referencia.

A menudo “lo viejo” no deja de ser contemporáneo. No cambio la última producción de Hollywood a color por Ladrones de bicicletas. Para nada voy a comparar porque sería enfrentar dos fenómenos nacidos de épocas diferentes: el neorrealismo italiano y la industria hollywoodense.

Hace unos días vi Ladrones de bicicletas. Cuando salí de la sala me di cuenta de que una obra de arte como esta nunca muere, continúa el curso de la historia y se convierte en un cuerpo viviente.

Cuando el espectador se acerca a películas de tan sublime crecación no importa la fecha 1948, tan solo interesa la belleza visual de la imagen que seduce a cada minuto.

El neorrealismo italiano se caracterizó por salir de los set de filmaciones para llevar a los actores a su escenario natural, los camarógrafos tomaban las imágenes con las cámaras en mano y los directores trataban de buscar actores no profesionales.

Al saber estos presupuestos y ver Ladrones…, usted puede decir: acabo de observar una gran pieza cinematográfica. Cada plano está hecho con sensibilidad poética, los diálogos fueron creados de forma coherente y formidable y las actuaciones poseen un nivel extraordinario. La suma de tanta poesía visual lleva a que los casi 90 minutos se conviertan en segundos, el tiempo deja de tener sentido.

El tema puede sonar aparentemente simple: un hombre comienza un trabajo donde es imprescindible una bicicleta. Luego del esfuerzo por conseguirla, le roban su medio de transporte. A partir de ese suceso Vittorio de Sica expone una serie de reflexiones morales y filosóficas que son de ayer y hoy, entonces ¿por qué rechazar películas de lujo por el cliché del blanco y negro? Tal repudio por el mero hecho de ser “viejo” constituye una renuncia a la historia y el conocimiento.

Algunas de las películas más consumidas en la actualidad no llegarán nunca a perpetuarse en la memoria. Ladrones de bicicletas hace años que arribó a la inmortalidad, su espacio dentro de lo trascendente ya está reservado.

Un comentario en “El arte de seducir en blanco y negro.

  1. […] En mi andar por los cines de la ciudad (realmente nada más funcionan el Guerrero, en muy malas condiciones, y la sala de video Nuevo Mundo) me he topado con personas que regresan a sus casas cuando se percatan de que la película que se exhibirá es en blanco y negro. Las reacciones ante estos filmes son: “tremendo tabaco esas películas viejas y cansonas” sin siquiera tener referencia. Ver + […]

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