La ilusión del pez

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¿Quién es Dios, dónde está? ¿Quién soy yo?

Se preguntaba el pescador mientras alzaba el cordel vacío. Llevaba una semana de pesadumbre y desespero, su anzuelo no capturaba ni un pequeño pez. Si realmente él existía y no era parte de una historia de ficción, entonces el destino le había preparado un camino tétrico. Pero qué tal si tan solo era la representación de alguien, ¿podría darse cuenta?; ¿y si su vida era una mentira?

Mientras estos pensamientos abrumaban su cabeza se percató de que algo desde abajo halaba su mano. Por el tirón que le daba a su brazo debía ser un pez bastante grande, lo suficiente para alimentar a tres bocas en el día.

Tiró del cordel cuidadosamente, pero con fuerza. Luego de tantos días comiendo sopa de ajo y harina, ya podía sentir el sabor del pescado en su boca. Cuando al final tuvo el anzuelo ante sus ojos vio que estaba vacío. Era todo una ilusión.