En tiempos de escafandras…tan solo queda volar

la escafandra y la mariposaNo sé si tendría la suficiente fuerza interior para -si algún día sufro un accidente que me deje sin poder hablar, caminar o escribir-adaptarme a la nueva forma de vida y resistir el paso del tiempo. Traté de ocupar el lugar de Jean- Dominique, pero no pude. Tan solo él tuvo la fuerza para vivir dentro de una escafandra y volar como mariposa.

Julian Schnapel con La escafandra y la mariposa, lleva a la pantalla no solo la historia del periodista francés Jean-Dominique Bauby, sino que le deja al espectador una reflexión sobre la libertad. No hay que sufrir una apoplejía y quedar paralítico para estar atrapado dentro del propio cuerpo. Cada día la gente vive con temores a hablar, gritar, soñar… y así, con miedos y barreras invisibles, crea una escafandra de la que no logra escapar.

A Schnapel le pido disculpas por no haberlo conocido antes, pero ahora que sé hasta dónde llega su pasión e ingenio cinematográfico, me quito mi pamela y le hago una reverencia. 

La seducción de Schnapel ocurrió desde el inicio, sin preámbulo ni cortejo de iniciación. Su cámara no era un simple objeto-observador de la realidad, era Jean-Dominique. Sentí la desesperación, angustia y tristeza de Jean Do. Hasta tuve deseos de visitarlo en el Hospital Naval Berck-sur-Mer y sentarme junto a él en su “sala de cine” (un corredor con una hermosa vista al mar).

El guión Ronald Harwood (guionista de El Pianista) lo construyó, de manera no lineal, a partir del libro homónimo y autobiográfico de Jean-Dominique Bauby quien tan solo con su ojo izquierdo y a través de pestañeos, comunicaba sus ideas; una intérprete las decodificaba y llevaba las palabras al papel: “He decidido dejar de quejarme. Si dejo de lado el ojo, dos cosas no están paralizadas: mi imaginación y mi memoria. Son las únicas dos salidas para escapar de mi escafandra.” (Jean-Dominique)

Valoro en grado superlativo los filmes que viajan a lo profundo, con escenas dignas de repetir en el reproductor una y otra vez. Resulta reconfortante, al menos para mí, que pasen los días y aún yo siga con mis pensamientos alrededor de la narración cinematográfica. La escafandra y la mariposa busca ir más allá de una historia sugerente para dejar en el subtexto una reflexión de cómo llevamos la vida.

De vez en cuando nos ponemos una escafandra. El temor reside en pasar demasiado tiempo dentro y luego no saber cómo huir, quedar atrapados con nuestro silencio, callar por siempre. Hay que aprender el oficio de mariposa para volar, aunque no existan motivos, y huir del traje que asfixia la memoria y los sueños.

2 comentarios en “En tiempos de escafandras…tan solo queda volar

  1. […] Julian Schnapel con La escafandra y la mariposa, lleva a la pantalla no solo la historia del periodista francés Jean-Dominique Bauby, sino que le deja al espectador una reflexión sobre la libertad. No hay que sufrir una apoplejía y quedar paralítico para estar atrapado dentro del propio cuerpo. Cada día la gente vive con temores a hablar, gritar, soñar… y así, con miedos y barreras invisibles, crea una escafandra de la que no logra escapar. Ver + […]

  2. No es sencillo ponerse un traje como este, pero es cierto, todos los días salimos a la calle tal vez sin pensar en lo que es bueno o mejor para nosotros y caemos en la red de la mediocridad y el juego para el dueño de los hilos. Las tijeras para cortarlos la llevamos a cuestas y no sabemos bien, qué hacer con ella.

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