Tarde para Aranjuez

   En un domingo triste, de soledades y tedio citadino, llegó a mí el Concierto en Aranjuez  de Joaquín Rodrigo.

  El destino, la casualidad o la causalidad quiso que aquella tarde no llegara a tiempo para ver la puesta en escena de Calígula por el teatro El Público. Dispuesta a no regresar a descansar, a intentar dormir y dejar pasar el tiempo, continué mi camino en busca de otras opciones.

  Así llegué ante las puertas de la casa del ALBA donde el guitarrista y compositor Luis Manuel Molina ofrecería un concierto. Hace años escucho uno de sus programas radiales: Música Antigua de la emisora CMBF.

  Estar allí en la sala de conciertos me llenó de nostalgia. Recordé aquellos días en que mi papá vivía en Santiago de Cuba. Cada mañana me despertaba con Música Antigua; ponía el radio a un volumen tan alto que podía despertar hasta los muertos.

  Luis Manuel es de esos artistas que vive la música , la siente desde lo más profundo de su ser. Tiene una vehemencia para tocar las cuerdas de la guitarra, que embelesa al público.

  Varias piezas me conmocionaron, pero la que me llevó a un estado de placer inigualable fue el Concierto en Aranjuez. La obra por sí sola es de una belleza indescriptible, pero el maestro Luis Manuel Molina la ofreció de una manera tan pasional que era difícil no emocionarse.

  Ante melodías así casi no hay espacios para las palabras. La música se apodera de todos mis sentidos. Ya nunca podré olvidar aquella tarde nublada que me llevó a conocer una pequeña parte de lo sublime.

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